martes, 2 de octubre de 2018

No es falta de empatía, es llamar a las cosas por su nombre

El modo en cómo cada cual amuebló su cabeza hace que un mismo texto se interprete muy distinto.
En el caso de nuestros comentarios de autistas adultos, he visto muchas veces cómo los alistas le añaden una taza de respuesta emocional que nunca estuvo ahí.
Se llevan todo al insulto, cuando estamos explicando lo que creemos necesario y beneficioso del modo más objetivo que podemos.

Un ejemplo:
Si alguien comparte un videíto que dice que dos más dos son cinco, y yo comento que en realidad son cuatro, no estoy siendo grosero. Estoy corrigiendo una información que desvía el funcionamiento de cosas importantes.
Prefiero correr el riesgo de equivocarme, a que se sigan haciendo las cosas de un modo que, por demasiado tradicional, nos lleva a la perdición.
Hay más grosería en no contrastar la información antes de dársela a gente vulnerable, que a su vez puede que acabe maltratando sin querer a sus niños porque se horrorizan cuando los ven decir cuatro.

Pero la mayor grosería viene de decir por un lado que los niños azules son unos ángeles, y luego rechazar cualquier tipo de INFORMACIÓN NUEVA que digamos los niños azules después de que nos salga pelo.
Si se nos quiere de niños por inocentes, de mayores se nos tiene que querer más aún, porque estamos ayudando de manera activa, y nuestra experiencia les evitará desgarros emocionales a sus hijos. Tienen que llegar vivos a la fase adulta.
No se queden en el "no estoy de acuerdo". Si decimos algo que no sabían, asuman la responsabilidad de adultos.
Esto no es emocional. Es una verdad necesaria.

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